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Memoria muscular

Por Irene Monterrosa López

Ayer lo vi. Ahora tengo 16, pero entonces tenía apenas 10. Durante estos 6 años lo he visto esporádicamente, caminando por ahí o en el bus… y se me encogen las tripas cada vez que lo veo… y se me tensan los muslos cada vez que lo veo… y se me nubla la vista con lágrimas cada vez que lo veo… y se me aprietan los puños cada vez que lo veo… y me lleno de ira cada vez que lo veo… Pero si él también me ve a mí, se me paralizan los miembros de puro miedo… Pero si él también me ve a mí, no puedo sostener la mirada… Pero si él también me ve a mí, aguanto la respiración pensando en desaparecer… Pero si él también me ve a mí, la feminista sale por la puerta y se queda la niña indefensa. Eso fue lo que pasó hoy.

Seis años imaginando el día en que lo iba a enfrentar y en el momento en que lo vi en la camioneta disimuladamente apretujando a una mujer contra la ventana, con una mano bajo su falda mientras hablaba con el chofer como si nada estuviera pasando, me paralicé. La vi y reconocí esa mirada… y me paralicé. Con extender la mano, jalarla conmigo para la parte de atrás de la camioneta hubiera bastado… podría ni siquiera haberlo mirado… podría haberla rescatado a ella como rogué que alguien me rescatara a mí… pero entonces él me vio y mi mundo, mi corazón y el aire en mis pulmones se congelaron. Bajé del bus y lloré… lloré como si hubieran vuelto a ser mis muslos los que separaba, como si hubiera vuelto a ser mi vulva la que tocaba, como si volviera a ser mi pierna la que frotaba con su erección… y de algún modo lo fue y sigue siendo cada vez que lo recuerdo, que lo veo, que se lo hace a otra mujer…

Una respuesta para “Memoria muscular”

  • Virginia López

    Lo siento muchísimo ninguna niña debiera pasar por eso. Perdón por no cuidarte lo suficiente. Me alegra que puedas expresarlo. Te amo.

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